jueves 12 de febrero de 2009

Los días, los meses e incluso los años...



Y a pesar de todo, los recuerdos permanecen, claro, que los recuerdos nada más, porque en determinados casos esa invisible pereza más que las presentes obligaciones es la que nos hace disipar, o peor enfriar, esa afectividad que surge en momentos especiales o singulares y siempre pretéritos, con compañeros o amígos, en definitiva con personas, que por un motivo u otro el destino hizo que más adelante quedasen en el camíno, en otro espacio, y sean esos, nuestros recuerdos quienes sustituyan esa dulce sensación que nos queda con ellos.

Unos quedan quietos en la cabeza, otros permanecen en el corazón y la mayoría posiblemente en amarillentas instantáneas guardadas en cualquier rincón de unas reducidas o vagas pertenencias sentimentales.

A veces pienso, qué pasaría si pudieramos parar el tiempo después de esos meses o años transcurridos y nos dieramos la posibilidad, la oportunidad de querer, de sentir, lo que verdaderamente hubieramos querido que fuese y no lo que quisímos que fuera.

En mi reducido equipaje, el que llevo dentro, el que no ocupa fisicamente ningún lugar y que imaginariamente arrastro con ruedas de inocencia cuando marcho de acá para allá, no guardo personas con las que viví mucho y no sentí apenas nada, pero en cambio conservo otras con las que no compartí nada y las sentí más que nada.

Después de un buen puñados de años, ¿quizá muchos?... seguro que sí, nos debemos un café, tranquilamente un café... con el único azúcar de su presencia.

miércoles 5 de noviembre de 2008

2.818.026

Aquí que me encuentro, dos meses después, separado de lo que hasta ayer era cotidiano para mí, una merecida actividad. Ahora me veo haciendo vida de rico con expectativa ciertamente de pobre. Todo el tiempo del que antes no disponía ahora es absolutamente mío, pero siempre falla algo, la vida es así de caprichosa.

Despierto cuando quiero, paseo cuanto quiero pero mi cabeza no descansa como quiero y es que mis siguientes trescientos días se consumirán con un único derecho, el de un módico subsidio, porque el otro, mi puesto de trabajo, quedó como tributo a una crisis financiera que escuchamos más que vemos y seguro que sufrimos como siempre unos pocos. Los mismos que perplejos vemos lo que otros quieren que veamos. Y sin posibilidad de entenderla mejor, porque pregunto: ¿Alguien sabe realmente de que va la crisis?...yo tan solo lo que me dicen. Todo en el fondo sigue parecido, bueno no, ahora es de lo único que se habla, está todo machaconamente exagerado por el factor miedo, que es de lo que se trata. El eterno miedo que ata y mata a la población para que los que verdaderamente controlan puedan hacer sus reajustes y seguir viviendo igual o mejor que antes.

Pero bueno, todo no es malo, un poco de alejamiento purifica o dignifica a las personas, que también me viene bien. Ahora que puedo me acerco más al campo, a la naturaleza. Me doy mis paseos en bici junto a los naranjales que por aquí tengo muy cerca de casa, veo como recogen ya en algunos lugares la jugosa fruta, incluso me agencio algunos kilitos para casa, en donde puedo hacerlo, claro. Me acerco al río que pasa muy cerca de aquí y me siento un rato junto a un pequeño embarcadero, y allí se me pasan los minutos observando toda la paz que el entorno me regala en estas mañanas, solo interrumpida por la algarabía que producen los numerosos pájaros que como yo no tienen otra cosa más especial que hacer.

Qué sencillo todo con tal sosiego, cuando probablemente fuera de aquí, nosotros, los humanos, rivalizamos mientras en nuestra convivencia diaria. En estos bucólicos momentos no echo de menos esa otra especie, la mía, la que vulnera a menudo mi espacio natural, límite invisible, para una saludable convivencia. Así que de momento en este obligado descanso que generosamente me regala la crisis, aprovecho y esperaré a que llegue la oportunidad. Esa, la dichosa ocupación que nos da la vida misma y debemos necesitar para sobrevivir y sentirnos agradecidos.

Por hoy, mientras se acuerden de mi, prometo pasar desapercibido en este sabático retiro en el que me hallo. A cambio desearé que otros no se vean sumidos en tal infortunio, en el de la inactividad claro.

lunes 8 de septiembre de 2008

Otro 7 de septiembre

Ayer mi inmortalidad cumplió un año más.

Como siempre no apagué velas y mi pastel lo
repartí
como todo los días, en una sola vez.

Los míos de siempre me procuraron su afecto,
y me dieron su estimable compañía.

Como cada día convertí mi realidad en los mejores
sueños.

Los otros quedan para el descanso de mis noches

Recibí estupendos regalos con esa sonrisa mía
que da la sorpresa.

Y me complació ver que todos seguimos juntos,
bueno todos no, menos el año que pasó.


martes 2 de septiembre de 2008

Juan


Juan, quien un día desapareció, es una persona a quien la vida no le ha tratado mal a pesar de todo. Nunca exteriorizó si algo en su entorno familiar le hizo padecer, quiero decir, sufrir cambios anímicos de importancia, al contrario, siempre tuvo margen suficiente de coherencia y sensatez para afrontar entre otros asuntos los acontecimientos familiares, que no fueron pocos y extravagantes.

Juan era el tercero de varios hermanos. Por su edad, siempre se encontró entre la supuesta rebeldía de quien le antecedía y el beneplácito conformismo de la menor, y entre unos y otros buena dosis sin duda de desestabilización emocional con la mayor de todos.

Juan se crió en una familia supuestamente normal con tintes aparente de economía media. En sus primero años, creo, lo que se dice privaciones no sufrió, en la propia infancia o bien años después tampoco. La escasez era algo muy normal en aquellos escuálidos años resurgidos de una prolongada posguerra. Aún así, incluso alcanzó algo poco accesible por entonces, la posibilidad de realizar sus estudios medios y superiores con éxito. Algo que le sirvió mediado un tiempo para encontrar el camino de la autosuficiencia económica. Más tarde con los años su propia realización profesional.

A Juan no sé si le ayudó más que perjudicó ser siempre tan minucioso en todas las facetas de la vida, punto de partida a mucha culpa de sus sufrimientos. Por el contrario y sin embargo, su clara constancia además, le favoreció para conseguir sus principales metas en la vida. Y también para desarrollar o acentuar habilidades en sus propias aficiones cualquiera que fuera el grado de dificultad. Aunque insisto, su meticulosidad mal llevada le hace aún perderse en tortuosos razonamientos a la larga inútiles e incomprensibles.

Juan tuvo una familia condicionada ineludiblemente por una madre con trastornos psíquicos y físicos, las psicosis y dolores que ella padeció fueron una constante en la casa. Miedos y cábalas que no tuvo más remedio que invadir su niñez y no sabemos si posiblemente algún año más en su madurez. Esto si debió dejar secuelas a unos hijos más que a otros.

Pero Juan quiso un día separar su vida de la familiar, la que a menudo le inquietaba, y entonces comenzaron a florecer conflictos y a agudizarse otros ya existentes. Fue como si sintiera que toda su familia hiciera frente común contra sus buenos propósitos, bueno no toda, seguramente menos uno de los hermanos. Y es aquí donde empiezan sus aflicciones, frenos y discrepancias con personas influidas por los propios trastornos de la madre. Primera crisis nerviosa y momentos muy duros para él que tuvo que asumir decisiones drásticas en contra de lo que en otras circunstancias hubiera sido una comprensiva independencia de lo paternal.

Para Juan pasaron los años y todo fue aparente normalidad, aunque las heridas nunca cerraron del todo en donde, al menos, quedaron tiempos de calma. Pero transcurrieron tristes perdidas, la de sus padres y también una más en sus hermanos y esto si fue el principio del fin. Comenzaron otras enemistades surgidas de nuevo por irreparables diferencias e ineludibles desacuerdos. Y es que llegó de dentro quien suscitó el reparto de lo que no se quería compartir y entonces surgió el calvario para unos, las desconfianzas para otros e ingratitudes para el resto. Como se suele decir, la sangre aunque no llegó al río pero si lo manchó de ofensas, reproches y maniobras para cada cual conseguir a su entender lo más beneficioso. Miserablemente todos salieron perdiendo buscando su oportuno beneficio.

Juan quizá ahora vive tranquilo aunque sumido en serios problemas de salud, marcado seguramente por la desdicha que siempre le produjo su familia. Hoy vive escéptico de lo que queda de ella, ajeno a lo que es de ella y una sombra de inquietud a que alguna parte de ella le quite su apropiado derecho al victimismo. No cambia ser la parte perseguida y más perjudicada de esta historia, en donde lo más trascendente para mi capricho es no saber como piensa Juan.

Juan se recuperará, la familia que fue, no. La que pudo ser, nunca existió.

viernes 29 de agosto de 2008

Mismamente yo



Casi va a hacer muchos años que tengo muchos años y demasiado pronto he empezado para lo que soy a reconocer a esa persona que cada día va conmigo a todas partes, y no hablo de mi sombra, hablo precisamente de mi, del que se queja a si mismo del otro que tantos quebraderos le ha producido siempre desde hace mucho hasta ahora, no hablemos de años.

Comienzo a ver desde frente al conmigo mismo y a aceptar aquellas cosas contra las que durante años he luchado, pues verdad es todo tan cansado y agotador que prefiero eso, seguir viéndome hasta donde llego, que no llegaré.

Cuando cada vez más me miro dentro, me doy más cuenta que las cosas no vienen de fuera, sino que las llevo siempre dentro, por fin me acabo de dar cuenta. ¿Será así?.

Que todo lo llevamos en una alforja que siempre huele a uno mismo y que hay que llevarla con la mayor comodidad. Ahora si que intuyo y bien que no se nace una vez, sino cada día que te levantas, pero con la suerte de que me debo únicamente al nacimiento que tuve esta mañana. Así que ahora, hoy mismo, no pido más que doy, dicho más galantemente, si doy más que pido, simplemente porque quiero y no necesito.

Ahora disfruto de todo, también de mis ridículos, aprendo hasta de mis miedos, admiro lo que otros envidiarían, bromeo de mi desdicha si la tuviera. Ahora estoy listo.


Ahora vengo, que me llaman, alguien me pide algo...

filosofando junto al pretil de su azotea


Un saltamontes no es plaga pero el jodido ayuda.



A beatriz

miércoles 27 de agosto de 2008

¿Te lo he dicho algunez vez?




A veces pienso que escribirte es como pintar en cualquier pared un hato de disparates que derrocho con el anónimo destino, para que su aireado texto de espontaneidad dure nada.

El tiempo suficiente que tarda en garabatear la represora brocha de quien condena mi expresión al olvido.

En el muro al menos mientras llega la infalible censura es posible que mi sentimiento pueda ser leído por alguien igual de chiflado que yo.

¿Te lo he dicho alguna vez?...

viernes 22 de agosto de 2008

Pasión de limón y ron


Mi predilección cada noche. Presto a zambullir mi lengua, a relamer mis labios, a estrujar contra el paladar esa mezcla de ron y limón, limón y ron, que igual me da, cuando ya no me queda nada más para combatir la dichosa excitación del nocturno estío.

Encuentro en ello mi mejor deseo, mi mayor cordura, disfrutar lo que me queda de la noche, lo que me sobra del día. Clavar con fuerza, morder con ganas el granizo de limón y relamer con lujuria el dulzor del dorado ron.

Mientras disfruto me disipo o me prodigo, me prendo o me cautivo y olvido que el día no sirvió para nada, pero que todavía la noche me compensa. Me sumerjo en ella, ansioso la apuro, lo apuro y me apuro con este tardío deleite. Voluntariamente dejo que la noche se pierda, el elixir se consuma y un servidor pues, entremedio, ... se confunda.


Como escribió el poeta, cierto lo que dijo el espejo al gallo: ”Eso que usted dice es exacto”.


(Ahí queda para quien me quiera seguir: un tercio de ron dorado y dos de limón bien granizado).

lunes 18 de agosto de 2008

jueves 14 de agosto de 2008

la cena

Ellos cada noche se sientan frente a frente, como si de una partida de póquer se tratase, lo más parecido a tenor de la falta de expresión en sus rostros.

Para compartir lo único que les queda del día, la cena, único momento que seguramente pasan el uno al lado del otro. Juntos hacen mental balance de cómo les ha ido la jornada, a lo mucho imprescindibles palabras que acantonan el ambiente: "pásame la sal", o bien, "te ha llamado tu madre"; frases cortas y necesarias para romper el demasiado silencio que ni siquiera el sonido de fondo que da la televisión es capaz de conseguir. En la mesa lo único caliente es la sopa, las palabras ausentes y las miradas perdidas dan fe de la frialdad de un día más juntos. Una silenciosa indiferencia para ver quien disimula mejor la distancia que ya los años les ha enseñado a no sobrepasar. Dos seres con latidos que ni siquiera marcan ya el tiempo que pasan juntos. Ella paga su estancia asistiéndole, El adecuadamente la compensa con su trabajo fuera de casa. No saben salir de sus pensamientos de libertad, estos les desbordan, porque la comunicación definitivamente se fue con ellos, porque no sé que cortesía les queda con el otro, quizá nada más que la resignación a un digno aburrimiento.

Poco más tarde, otra noche más en sus respectivas habitaciones esperaran el nuevo día.

sábado 2 de agosto de 2008

La piscina


Era de noche y el agua iluminada por los laterales del fondo tenía poca intensidad, pero dejaba ver en el mosaico del fondo varias estrellas de mar, cada una de un color, y en los ángulos del perímetro con forma irregular dibujos bien distribuidos lo que yo entendí por los cinco sentidos: un ojo, una boca, una mano, una oreja y una nariz. El cielo estaba limpio y plagado de estrellas con un intenso azul oscuro, eso si con lejanas manchas, deberían ser las llamadas nebulosas, porque la barbacoa estaba apagada.

Me recuerdo desnudo y braceando de espaldas con gran parsimonia, recreándome en los destellos de luz que por encima de mi divisaban a los astros, y a la vez escuchaba tal vez cercano un constante canto de grillo. Al fondo tú, estabas sentada al borde de la piscina haciendo círculos con los pies sumergidos en el agua. Parecía que mirabas pero no, más bien pensabas, en lo qué?, no sé, pero un poco aturdida si que te notaba, seguramente por encontrarte fuera de lugar con aquella persona, en este caso yo. Aunque notaba esa extrañeza yo seguía a lo mío, braceando y contando estrellas.

Creo que llegué a las seiscientas y pico cuando me di cuenta de que estabas braceando igual que yo pero lo más retirado que la piscina nos permitía, pero tú no estabas íntegramente desnuda, te cubrías con un pequeño tanga que me parecía blanco. Empezamos a nadar en círculos como si el uno huyera del otro, pero siempre muy despacio. El sueño discurría así, siempre muy despacio, nunca hablábamos pero si de vez en cuando nos mirábamos y también nos sonreíamos. Empecé a preocuparme porque tus sonrisas que no eran de insinuación empezaron a producirme cierta excitación, es más, empecé a notar una pequeña erección que como seguía en ese nado boca arriba llegó a ser evidente... Pero todo se quedaba en eso, en nadar en círculos uno detrás del otro y tú cada vez más me mirabas y sonreías con quizá menos disimulo, pero no pasaba nada, y aquella picazón de entre mis piernas iba a más... (esto no era sueño).

Empecé a olvidarme de las estrellas del grillo y de la parsimonia de mis brazadas y a querer seguir más de cerca tu nado, cuando de pronto observo que dejaste de estar dentro de la piscina y apareciste encima de un árbol que se encontraba cercano (al que no supe identificar), seguías húmeda, no sé si doblemente, pero esta vez ya con una sonrisa desafiante. Empecé a agobiarme cuando observo que era incapaz de salir del agua, mientras tanto, mi deseo iba en aumento pero el agua sin embargo me atrapaba sin poder salir. Sin pretenderlo yo seguía dando giros en la piscina y cada vez que llegaba a uno de los dibujos me detenía. Cuando quedaba quieto en el ojo me mirabas, con el oído me pasó lo mismo y me escuchabas, pero con la mano, la nariz y la boca no sentías nada y me desesperaba...

Y a todo esto mi deseo acrecentaba cierta desesperación, y cada vez apreciaba más retirado el árbol contigo subida, os alejabais poco a poco hasta que llegó un momento que dejé de verte...
y todo fue oscuridad en la pequeña habitación... en otra habitación.


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