
Era de noche y el agua iluminada por los laterales del fondo tenía poca intensidad, pero dejaba ver en el mosaico del fondo varias estrellas de mar, cada una de un color, y en los ángulos del perímetro con forma irregular dibujos bien distribuidos lo que yo entendí por los cinco sentidos: un ojo, una boca, una mano, una oreja y una nariz. El cielo estaba limpio y plagado de estrellas con un intenso azul oscuro, eso si con lejanas manchas, deberían ser las llamadas nebulosas, porque la barbacoa estaba apagada.
Me recuerdo desnudo y braceando de espaldas con gran parsimonia, recreándome en los destellos de luz que por encima de mi divisaban a los astros, y a la vez escuchaba tal vez cercano un constante canto de grillo. Al fondo tú, estabas sentada al borde de la piscina haciendo círculos con los pies sumergidos en el agua. Parecía que mirabas pero no, más bien pensabas, en lo qué?, no sé, pero un poco aturdida si que te notaba, seguramente por encontrarte fuera de lugar con aquella persona, en este caso yo. Aunque notaba esa extrañeza yo seguía a lo mío, braceando y contando estrellas.
Creo que llegué a las seiscientas y pico cuando me di cuenta de que estabas braceando igual que yo pero lo más retirado que la piscina nos permitía, pero tú no estabas íntegramente desnuda, te cubrías con un pequeño tanga que me parecía blanco. Empezamos a nadar en círculos como si el uno huyera del otro, pero siempre muy despacio. El sueño discurría así, siempre muy despacio, nunca hablábamos pero si de vez en cuando nos mirábamos y también nos sonreíamos. Empecé a preocuparme porque tus sonrisas que no eran de insinuación empezaron a producirme cierta excitación, es más, empecé a notar una pequeña erección que como seguía en ese nado boca arriba llegó a ser evidente... Pero todo se quedaba en eso, en nadar en círculos uno detrás del otro y tú cada vez más me mirabas y sonreías con quizá menos disimulo, pero no pasaba nada, y aquella picazón de entre mis piernas iba a más... (esto no era sueño).
Empecé a olvidarme de las estrellas del grillo y de la parsimonia de mis brazadas y a querer seguir más de cerca tu nado, cuando de pronto observo que dejaste de estar dentro de la piscina y apareciste encima de un árbol que se encontraba cercano (al que no supe identificar), seguías húmeda, no sé si doblemente, pero esta vez ya con una sonrisa desafiante. Empecé a agobiarme cuando observo que era incapaz de salir del agua, mientras tanto, mi deseo iba en aumento pero el agua sin embargo me atrapaba sin poder salir. Sin pretenderlo yo seguía dando giros en la piscina y cada vez que llegaba a uno de los dibujos me detenía. Cuando quedaba quieto en el ojo me mirabas, con el oído me pasó lo mismo y me escuchabas, pero con la mano, la nariz y la boca no sentías nada y me desesperaba...
Y a todo esto mi deseo acrecentaba cierta desesperación, y cada vez apreciaba más retirado el árbol contigo subida, os alejabais poco a poco hasta que llegó un momento que dejé de verte...
y todo fue oscuridad en la pequeña habitación... en otra habitación.
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